La visita médica

Ya han pasado el día de Acción de Gracias y el Black Friday. Ya tengo Amazon Premium en Francia y puedo coger prestados los libros de la biblioteca de Amazon (eso cuando entienda bien cómo funciona, claro).
Ya puedo hacer el árbol de Navidad! Bueno, voy a intentarlo si los gatos me dejan. Si se les sale espuma por la boca, intentaré poner alguna decoración sin perder a los gatos por el camino.

La semana que viene tenemos a nuestra primera visita, desde Inglaterra, y luego me voy a Madrid al dentista (sic), así que voy a tener un par de findes entretenidos por delante.

Esta semana como reto superado, he conseguido ir a la visita médica de la empresa sin perecer en el intento.

Básicamente se trata de una clásica consulta (sin análisis de sangre ni ná) en la cual antes una amable señorita y después un cachondo doctor os hace una serie de preguntas y os toman la tensión, etc.
Todo esto en francés (debería mencionar que llevo 3 clases de francés y que mi profe se ha puesto mala y hasta el jueves de la semana que viene no tenemos clase hurr… Digo, qué pena). Llego al centro médico con una frase preparada: “J’ai un rendez-vous avec le docteur XX”. La señorita, tan amable, de la recepción me corta en seco: “Votre nom?”. Yo la miro así, estupefacta y profundamente herida por su interrupción:

Capture

Ella me mira como si tuviese algún problema mental, y repite, lentamente (ya lo había pillado la primera vez, eh, pero estaba en shock): “V O T R E N O M?”
Y yo: “Vaccari” (pensando “Zorra estúpida” y “Mal empezamos”)
Paso al vestíbulo ya habiendo sudado algún que otro litro de miedo, y me llama enseguida la secretaria del doctor, para hacerme la entrevista que en España te hace el propio médico. Empezamos con la letanía de “tienes antecedentes, etc. etc.”, la pobre ni los números en inglés se sabía, con lo cual entre las dos conseguimos llevar a cabo el penoso trámite sin que ninguna se quisiese tirar por la ventana. La señora, al contrario que la recepcionista, fue muy DSC_0557amable y me dijo en varias ocasiones “Qué joven eres!”. Me parecía a mí que se habían equivocado de fecha de nacimiento, quitándome la friolera de 10 años, pero no estaba segura con tanto parleteo que nos habíamos metido. Así que me quedo con el piropo, sonrío con mis brackets pensando “será por esto que piensa que soy joven, aun viendo claramente mi fecha de nacimiento”, y vuelvo a salir al vestíbulo esperando al doctor.
Con el doctor desafortunadamente, estoy solo cinco minutos. Pero cinco minutos de cabaret! El señor habla portugués, español, algo de italiano e inglés y me recibe con un “Eres feliz?” en francés, cuya pregunta contesto con un “oui” 45 segundos antes de elaborar la pregunta y traducirla en mi cabeza (la respuesta no habría sido diferente aunque lo hubiese entendido en el momento, he de decir).
En un pis-pas y unos cuantos chistes malos después (“Ahá, ya vendrá tu novio y ya te diré si está fuerte y sano como tú y te lo puedes casar o si no vale la pena”) ya estaba en la calle, con mi papelito firmado. Se confirma la hipótesis de mi edad. Mírales que majos, me han quitado DIEZ AÑOS.

Por supuesto me lo callo alegremente, ya si eso en dos años vuelvo y se lo comento.

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