Oh Bej! Oh Bej!

Lo podéis pronunciar “obei obei“, como suena en mi cabeza. Lo que veis aquí arriba es EL mercadillo de Navidad de Milán, y además una parte de las celebraciones del fin de semana en el que se festeja el santo patrón de la ciudad, Ambrosio (de ahí que el equipo Internacional de Milán se llamara antes Ambrosiana). El día de San Ambrosio es el 7 de diciembre y es el único festivo que la gente de Milán siente como propio; ahora que en Italia quieren cepillarse las fiestas locales, los milaneses han insurgido como un solo hombre para no perder su fiesta.

Creo que durante todos mis años universitarios solo fui una vez, pero me encantó. Ahora, tened en cuenta que hay una marea de gente en las calles y que hace un frío del copón (sé que Milán no es Oslo, pero no os atreváis a subestimar el frío de esa ciudad, ni su humedad).

Por aquel entonces, allá por el 2003, esta feria al aire libre se extendía en los derredores de la Basilica di Sant’Ambrogio (la iglesia del San Ambrosio,vamos), en un conjunto laberíntico que se alargaba por callejuelas y callejuelas en las que te metías y ya no sabías adónde saldrías. Ahora mismo se celebra en cambio cerca del castillo sforzesco, probablemente un espacio más amplio. Típico, como en todos los mercadillos de Navidad, el vino con especias. Los puestos, los de siempre. Artilugios, artesanía, comida, etc.

Recuerdo distintamente que hacía mal tiempo cuando estuvimos ahí, y que mi compañera de universidad, Marisa, destruyó sin querer un puzzle de madera de un puesto y tuvimos que quedarnos parados un rato largo resolviendo el rompecabezas. Por supuesto, al final no conseguimos resolverlo, y la pobre tuvo que comprar la pieza, que ahora está ahí, decorando su casa.

Si tenéis que ir de visita a Milán, no es una ciudad especialmente encantadora en verano, mientras que en invierno, y es un consejo del todo personal, es más bonita. Sobre todo cuando nos acercamos a la Navidad y la dejan engalardonada… Los italianos otra cosa no, pero sabemos decorar!

Italian Version:

Lo potete pronunciare “obei obei“, che è esattamente come suona nella mia testa. Si tratta DEL mercatino di Natale per eccellenza di Milano, nonchè una parte essenziale delle celebrazioni del fine settimana durante il quale si festeggia il santo patrono della città, Ambrogio (da qui il primo nome dell’Inter di Milano, Ambrosiana). Il giorno di Sant’Ambrogio è il 7 di dicembre ed è l’unico festivo che a Milano sentono come proprio; adesso che in Italia vogliono eliminare le festività locali (che non è che siano tantissime, eh), i milanesi si sono ribellati come un sol uomo.
Ricordo di essere andata alla fiera solo una volta durante i miei anni giovanili come studentessa universitaria, ma mi piacque. Ora, dovete tener presente che si tratta di un mercato multitudinario, con tantissime persone in strada e con una temperatura esterna molto, molto bassa (Milano non è Oslo, ma vi consiglio di non sottostimare il freddo della città nè la sua umidità).

DSC01640_-_C.so_Vittorio_Emanuele,_Milano_-_Foto_di_G._Dall'Orto_-_20-12-2006

Quell’anno, il 2003 o giù di là, il mercatino si teneva nei dintorni della basilica di Sant’Ambrogio, una zona di strade labirintiche in cui entri senza sapere esattamente in che parte della città uscirai. Oggigiorno si tiene invece nelle vicinanze del Castello Sforzesco, che probabilmente permetterà agli organizzatori di disporre di uno spazio maggiore. Come in tutti i mercatini di Natale, si trovano prodotti tipici, prodotti artigianali, stupidate natalizie, vino caldo speziato, etc.

Ricordo con chiarezza che, quel giorno di tanti anni fa quando ci recammo alle bancarelle, pioveva e che la mia allor compagna di università, Marisa, ebbe la brillante idea di giocare con un puzzle di legno. Risultato: distruzione dello stesso e pagamento per il medesimo dopo mezz’ora di inutili tentativi di risolverlo (“Ce la posso fare!” disse Marisa…).

Se volete recarvi in visita a Milano, come già dovreste sapere non è una città particolarmente piena di incanti e bellezze. Vi consiglio di evitare l’afosa estate e di recarvi in città in inverno, magari proprio in quest’epoca, potrete vedere le sempre belle ed eleganti decorazioni natalizie… Si sa, la classe non è acqua.

 

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