Viajes con la escuela: Primaria y media

Sé que en España existe el “viaje de fin de curso”. En Italia, en cambio, durante prácticamente toda nuestra carrera estudiantil, se suele hacer por lo menos un viaje al año. Cuando éramos muy pequeños lo clásico era una excursión a lo largo del día al zoo o a la granja (sí, soy de un pueblecito y el mayor atractivo de la zona era la granja, que tenía llamas y animales igual de exóticos).

Ganamos la lotería esa vez que nos llevaron a las Grutas de Toirano, un lugar precioso cerca de Savona. Son grutas verdaderamente antiguas con restos fósiles y, lo que más importante es a los ojos de un mocosín, formaciones de estalactitas y estalagmitas impresionantes, mucho frío y pozas de agua transparente.

En la escuela media (de 11 a 13 años) ya nos atrevíamos con (por aquel entonces) excursiones de escuela súper moderna como, por ejemplo, Pracatinat: esta fue nuestra primera visita de más de un día (de hecho fueron 5 si no recuerdo mal) y en absoluto nuestra primera experiencia apañándonos fuera de casa en completa soledad.

Pracatinat es un sitio pensado para que los niños conozcan la naturaleza y las montañas (los Alpes, montañas de verdad, eh). Se encuentra en un parque natural y es como una versión agigantada y salvaje del concepto de “granja”.  Durante nuestra visita nos pasamos días y días paseando por los montes, visitando refugios, cimas, viendo marmotas… Hasta mi compañera con la pierna rota no se quiso perder la aventura y vino de todas formas, cojeando durante toda la visita pero aguantando como la que más.

Al estilo de Pracatinat, también visitamos otro parque natural, el de la Uccellina.  Mientras el primero se encontraba en los Alpes cerca de Francia, éste está en la Toscana, en la zona conocida como la Maremma. Pasamos de los montes nevados a la vegetación mediterránea, en largos paseos por la costa y el interior de este maravilloso parque. Aprendimos a distinguir hierbas y a reconocer (sí, eso también forma parte de la dura vida del explorador) cacas de animales como ciervos o liebres. Aprendimos a saborear el pan sin sal tan típico de la toscana y todas nos enamoramos de nuestro guía, un enjuto y rubio joven que parecía no estar nunca cansado.

El último año de nuestra estancia en la escuela media, finalmente, visitamos un lugar que es patrimonio de la Unesco, le Cinque Terre. Se trata de una pequeña franja de costa de Liguria, con cinco pueblecitos (Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore) preciosos de visitar y con encantos tanto naturales como puramente paisajísticos. Sinceramente, este fue el viaje que menos recordé, porque no era nada tan especial y tan “a medida de niño” como Pracatinat o el parque toscano. Es un sitio al que volvería ahora, de mayor, para enamorarme de sus playas, de su gastronomía y de su encanto.

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