Turismo gastronómico.

Para qué negárnoslo, una de las cosas que (por lo menos en mi caso) se quedan más de un viaje son las comidas de las que disfrutamos. Más o menos exóticas, recuerdo casi todo lo que he comido desde que he empezado a viajar. De hecho, me pasa lo siguiente:

“Sara, recuerdas el viaje a Praga cuando teníamos 16 años?”

“Sí, nos dieron sopas y menestras de verdura, y pasta de acompañamiento al segundo plato (yikes). Comimos bastante en el McDonald’s.”

Y así con todos los viajes. A continuación, una galería de los mejores momentos culinarios de algunas de mis experiencias.

Percebes. Dan mucho asco, pero saben a mar.

Francesinha en Oporto. Calórica y riquísima. Acompañada de una Sagres o de una Super Bock.

Una ligera comida en Matosinhos, cerca de Oporto. Pescado fresco a la brasa y acompañantes variados. Todo maravilloso.

Pinchos en Bilbao.

Más pescadito fresco, couscous y amenidades variadas en Tánger. Barato y rico.

No pica nada (HAHAAHAHAHAHAHHA. guiño guiño). Plato de zona típica que no recuerdo de China con una pizca de picante.

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